Participios en -udo

La historia de los participios en –udo en la lengua española refleja un proceso de auge y posterior desaparición en favor de la terminación -ido, motivado por presiones analógicas y la necesidad de evitar colisiones semánticas con otros sufijos.

Origen y formación

Los participios en -udo tienen su origen en la terminación latina -ŪTUS, que en el latín tardío se extendió a diversos verbos de la segunda y tercera conjugación (–ĒRE y -ĔRE), especialmente aquellos que poseían un pretérito perfecto en -UI.

Este modelo se propagó analógicamente para dotar a estos verbos de una desinencia de participio débil (acentuada en la vocal temática), equiparable a las de las otras conjugaciones: -ado (1.ª) e -ido (4.ª en latín, 3.ª en español). De este modo, se compensaba la falta de vocal temática en los participios fuertes latinos (como DICTUS o FACTUS).

Cronología de su evolución

La trayectoria de estas formas en el castellano medieval se divide en varias etapas claras:

  • Siglos XII y XIII (auge): Fue el periodo de mayor vitalidad. Son extremadamente frecuentes en la prosa alfonsí y en documentos jurídicos de la época. Ejemplos comunes incluyen formas como connoçudo (conocido), sabudo (sabido), tenudo (tenido), metudo (metido), perdudo (perdido) y vençudo (vencido). Se ha sugerido que su proliferación en este siglo pudo deberse, en parte, a la influencia cultural francesa.
  • Siglo XIV (decadencia): Estas formas entran en un rápido retroceso. Comienzan a ser sistemáticamente reemplazadas por los participios en -ido, que unifican las desinencias de los verbos en -er e -ir. Hacia finales de este siglo, solo unas pocas formas como atrevudo, entendudo, sabudo y tenudo mantenían cierta presencia.
  • Siglo XV (residual): Su uso se vuelve puntual y restringido. En este periodo, prácticamente solo sobrevive tenudo en fórmulas legales específicas, como la expresión ser tenudo a/de (‘estar obligado a’).
  • Siglo XVI en adelante (desaparición): Ya en el siglo XVI, estas formas se consideran arcaísmos. Los escritores de la época a veces las empleaban deliberadamente para imitar la «fabla vieja» o el lenguaje rústico.

Causas de su desaparición

Se señalan dos factores principales que llevaron a la extinción de los participios en -udo:

  • Presión analógica del sistema: La simbiosis entre las conjugaciones -er e -ir favoreció la generalización de la terminación -ido para ambas, creando un paradigma más homogéneo y eliminando el contraste morfológico que representaba -udo.
  • Colisión con el sufijo adjetival: La existencia de un sufijo descriptivo y a menudo despectivo en -udo (como en cabezudo, cornudo, huesudo o barbudo) dificultaba la identificación de las formas en -udo como participios verbales neutros. Para evitar estas connotaciones humorísticas o negativas, los hablantes prefirieron la variante -ido para la función puramente verbal.

4. Supervivencias actuales

Aunque desaparecieron como formas verbales, algunos derivados de -ŪTUS se conservaron en español con valor exclusivamente adjetival o nominal, tales como agudo (< ACUERE), menudo (< MINUERE) o concienzudo.

cuemo y como

Las formas cuemo y como tienen su origen en la expresión latina QUŌ MŌDO. Su evolución refleja una tensión entre las formas tónicas diptongadas y las formas átonas que finalmente prevalecieron en el idioma.

Etimología y formación inicial

En el latín vulgar, la expresión clásica QUŌ MODO se simplificó en la forma QUOMO.

Cronología de cuomo y cuemo

En un primer momento QUOMO pasó a cuomo, posteriormente surgió la forma cuemo, con un diptongo ue analógico.

  • Siglo X al XIII (cuomo): Inicialmente, la vocal tónica Ō se mantuvo como [o], y al estar precedida por el [w] se formó el diptongo uo, dando lugar a cuomo. Esta variante puede localizarse en documentos y textos de las zonas leonesas y aragonesas y se documentan ejemplos hasta comienzos del siglo XIII, en textos como el Fuero Juzgo.
  • Evolución a cuemo: Debido a que el diptongo uo resultaba anómalo en el castellano de la época, fue atraído por el diptongo ue, que tenía un mayor rendimiento en la lengua. Así, cuomo se transformó en cuemo, forma que se atestigua desde las Glosas Emilianenses hasta finales del siglo XIV.

aparición y triunfo de como

La forma como procede de la variante átona de QUOMODO. Las partículas, al funcionar frecuentemente como elementos proclíticos en la oración, tienden a perder el acento, lo que en este caso impidió la diptongación o provocó su reducción.

  • A lo largo del siglo XIII, como convivió con múltiples variantes gráficas y fónicas como commo, cumo y la rarísima conmo(esta solo se documenta, según OSTA, una vez en El libro de proprietatibus rerum de Bartolomeo Ánglico y podría considerarse una errata al tratarse de un impreso (1494)).
  • En el siglo XV, la forma como ya se había consolidado como la norma, y desplazó las variantes diptongadas cuemo y cuomo, que desaparecieron de los textos.

Variantes documentadas en el español medieval

Durante el periodo de transición, especialmente en el siglo XIII, se encuentran diversos ejemplos de este nexo:

  • cuomo: Variante usual en el siglo XIII que conserva el diptongo primitivo.
  • cuemo: Forma con diptongo analógico castellano empleada hasta el siglo XIV.
  • commo: Grafía frecuente en documentos del siglo XIII, como en el Cantar de Mio Cid.
  • cumo: Variante con vacilación de la vocal átona, documentada también en el siglo XIII.

Sintácticamente, mientras cuemo y cuomo funcionaban principalmente como adverbios de modo o nexos modales, la forma como expandió sus funciones para actuar como conjunción completiva, causal, temporal y comparativa.

Según el OSTA, estas son las frecuencias de so 

Siglo cuemo commo como
XIII 12.81% 13.56% 73.63%
XIV 1.98% 34.06% 63.96%
XV 0.00% 46.69% 53.31%
XVI 0.00% 0.96% 99.04%

lo que se puede representar visualmente con este gráfico:

cuemo, commo y como a lo largo de la historia según OSTA

La revolución de la imprenta: los Libros de Horas en la España de los siglos XV y XVI

Cuando la imprenta comenzó a difundirse por Europa a finales del siglo XV, uno de los primeros grandes éxitos editoriales fue el Libro de Horas. La nueva tecnología permitió transformar lo que había sido un objeto artesanal y costoso en un producto reproducible a gran escala.

En el caso de la Península Ibérica, este proceso tuvo una evolución particular: durante un primer momento España fue sobre todo un mercado receptor de Libros de Horas producidos en el norte de Europa , antes de convertirse también en un centro de producción propio.

Importaciones desde Flandes y Francia

Durante gran parte del siglo XV, los Libros de Horas que circulaban en la Península procedían principalmente de talleres flamencos y franceses. Ciudades como París, Brujas o Gante eran centros de producción de manuscritos iluminados de gran calidad artística.

Calendario de marzo. Horas Tilly. © BNE, RES/187, fols. 5v-6r

Estos ejemplares, ricamente decorados con miniaturas y pan de oro, circulaban sobre todo entre las élites aristocráticas y la alta jerarquía eclesiástica.

Al mismo tiempo, las redes comerciales europeas comenzaron a distribuir versiones más accesibles en los mercados urbanos de la Península. Las ferias castellanas y los circuitos mercantiles del Mediterráneo desempeñaron un papel relevante en esta circulación.

La llegada de la imprenta

La introducción de la imprenta en la Península Ibérica en 1472 transformó profundamente el panorama editorial. La nueva tecnología permitió reducir costes de producción y aumentar el número de ejemplares disponibles, lo que facilitó la difusión de libros entre sectores sociales cada vez más amplios.

En el caso del Libro de Horas, la imprenta permitió consolidar un formato particularmente adecuado para su uso cotidiano: el formato en octavo, un tamaño reducido que permitía transportar el libro fácilmente. Este formato contribuyó a reforzar el carácter portátil del devocionario y facilitó su presencia en la vida cotidiana.

Los libros de horas del librero Simon Vostre

Simón Vostre (activo entre 1486 y 1521) fue uno de los libreros-editores más influyentes de París durante la transición del siglo XV al XVI, es decir, durante el periodo de los incunables y postincunables. Aunque no era impresor de oficio, coordinó la producción masiva de libros de lujo, convirtiéndose en el principal referente de los Libros de Horas impresos en Europa.

Horas de Estelle Doheny and Arcana impresas para Simon Vostre 1498 y pintadas a mano

Dentro de su amplia producción, fue el responsable de varias ediciones de las llamadas Horas de Nuestra Señora en romance, es decir, traducidas al castellano que se publicaron entre 1495 y c. 1520 y en la que los impresores fueron, sucesivamente, Philippe Pigouchet (1488-1515), Thielman Kerver (1497-1522) y Nicolás Higman (1495-1520).

El tránsito del latín al vulgar, que no fue exclusivo de las ediciones de Vostre[1], acercó el contenido devocional a los lectores que no dominaban el latín. Por otra parte, algunas de estas ediciones comenzaron a incorporar elementos culturales locales, como escudos, motivos iconográficos propios o textos adicionales.

Este  proceso  de  adaptación  contribuyó  a  reforzar  el  carácter  popular  del  Libro  de  Horas,  pero también  lo  transformó  en  un  texto  cada  vez  más  flexible  y  susceptible  de  modificaciones.

Los talleres impresores en la Península

Debido al éxito comercial que obtuvieron las ediciones financiadas por Simón Vostre, la producción se trasladó a algunas de las imprentas más importantes de la Península Ibérica, como las de Sevilla, Toledo, Zaragoza, Valladolid, Logroño, Valencia, Medina del Campo, Salamanca… y tanto en latín como en romance, ya fuera castellano, catalán o portugués. Aunque, como se verá, Vostre siguió imprimiéndolos y comercializándolos.

No existe plena seguridad, en lo que respecta al color lingüístico de las ediciones peninsulares, de que la información proporcionada por los catálogos sea exacta. Así, por ejemplo, el USTC señala que las ediciones zaragozanas de Jorge Coci de 1521 y 1531 corresponden a textos castellanos; sin embargo, el análisis de los ejemplares accesibles demuestra que se trata, en realidad, de textos latinos con rúbricas en castellano[2].

Horas impresas por Cocci en 1521 (izda.) y 1531 (dcha). © BNP

Estos talleres comenzaron a producir ediciones propias de Libros de Horas, según se cree, adaptadas al mercado local y a las demandas del público, pero muy poco se sabe de sus productos, pues apenas quedan de muchas tan solo quedan noticias (30 de ellos) o unos pocos pliegos.

 año ciudad imprenta USTC ejemplar lengua
1486 Valencia s. i. 765686 Varios Latín
1505 Toledo Pedro de Hagenbach 347542 Perdido  Latín
1506 Valladolid Diego de Gumiel 347545 Perdido  Castellano
1512 Logroño Arnao Guillén de Brocar 344310 Vaticano  Castellano
1512 Toledo Juan Varela de Salamanca 347546 Perdido  Castellano
1516 Zaragoza Jorge Coci 338499 Madrid  Latín
1517 Zaragoza Jorge Coci 347543 Palermo  Latín
1518-21 Montserrat Juan Rosembach 347544 Perdido  Latín
1519 Burgos Alonso de Melgar 347547 Perdido  Castellano
1519 Barcelona desconocido 347548 Perdido  Catalán
1521 Zaragoza Jorge Coci 344484 Lisboa  Latín Castellano
1522 Sevilla Jacobo Cromberger 343134 Londres  Portugués
1528 Sevilla Juan Cromberger 349878 Frag. Madrid. Véase…  Castellano
1530 Burgos Juan de Junta 351050 Perdido  Latín
1531 Sevilla Juan Varela de Salamanca 349894 Perdido Castellano
1531 Zaragoza Jorge Coci 344595 Lisboa  Latín Castellano
1534 Burgos Juan de Junta 351069 Perdido  Latín
1533 Valencia Francisco Díaz Romano 337988 Valencia  Latín
1534 Zaragoza Jorge Coci 344638 Florencia  Castellano
1537 Zaragoza Jorge Coci 348491 Perdido  Latín
ca. 1537 Sevilla Juan Cromberger 5045264 Frag. Madrid. Véase…  Castellano
ca. 1538 Sevilla Juan Cromberger 347212 New York[3]  Castellano
1538 Sevilla Juan Cromberger 350718 Perdido  Castellano
1539 Zaragoza Jorge Coci 348493 Privada  Castellano
1539 Zaragoza Jorge Coci 348494 Perdido  Catalán
1539 Sevilla Juan Varela de Salamanca 350724 Perdido  Castellano
1540 Sevilla J. Cromberger 351996 Perdido  Latín
1541 Sevilla Domenico de Robertis 350728 Perdido  Castellano
1542 Sevilla Herederos de J. Cromberger 352003 Perdido  Castellano
1542 Zaragoza Jorge Coci 348501 Perdido  Castellano
1542 Zaragoza para  Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 344793 Perugia y Roma  Castellano
1544 Alcalá de Henares Juan de Brocar 347089 Perdido  Latín
ca. 1544 s.l. s.i 337984 Valencia  Latín
1547 Burgos Juan de Junta 351107 Madrid  Castellano
1547 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 348538 Perdido  Castellano
1547 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 5045344 Madrid  Castellano
1548 Medina del Campo Pedro de Castro 349569 Perdido  Castellano
1550 Sevilla Domenico de Robertis y Jácome Cronberger 350790 Perdido  Castellano
1552 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 348569 Perdido  Castellano
1553 Medina del Campo Francisco del Canto 349580 Perdido  Castellano
1554 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 348590 Perdido  Castellano
1556 Medina del Campo s. i. 349586 Perdido  Castellano
1556 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 348599 Perdido  Castellano
1557 Medina del Campo Jacobo de Millis 349587 Perdido  Castellano
1560 Salamanca Juan María de Terranova 346263 Cambridge  Castellano
1563 Burgos Felipe de Junta 351165 Perdido  Latín
1564 Salamanca Matías Gast 349027 Privada  Latín
1565 Salamanca Juan de Cánova 5045517 Madrid  Latín, Castellano
1565 Toledo Juan de Ayala para Diego López 337986 Madrid  Castellano
1567 Burgos Felipe de Junta 349468 Burgos  Castellano
1567 Burgos Felipe de Junta 349469 Burgos  Latín
1567 Salamanca Matías Gast 5045523 Madrid  Castellano
1568 Barcelona para Pablo Cortey y Pedro Malo 337987 Privada  Latín
1568 Burgos Felipe de Junta 349475 Perdido  Castellano
1568 Burgos Felipe de Junta 349476 Perdido  Castellano
1569 Zaragoza Pedro Bernuz 337985 Madrid, Zaragoza  Latín,  Castellano
1569[4] Zaragoza Pedro Bernuz 348683 Madrid  Castellano
1571 Barcelona Claudio Bornat 5045571 Madrid, Barcelona  Latín,  Castellano

Tabla 1. Ediciones impresas en Castilla y Aragón a lo largo de los siglos XV y XVI. Basada en el USTC

Un éxito difícil de controlar

La combinación de imprenta, traducciones y difusión doméstica convirtió al Libro de Horas en un objeto cultural extraordinariamente popular. Sin embargo, esta misma popularidad provocó el celo de las autoridades religiosas.

En un contexto marcado por las tensiones doctrinales de la Europa del siglo XVI, un libro que circulaba libremente en lengua vernácula y que se leía en el ámbito privado del hogar comenzaba a percibirse como un fenómeno difícil de supervisar.

Estas preocupaciones terminarían desembocando en un proceso de control y censura que transformaría radicalmente el destino del Libro de Horas.

notas

1 Narciso Bruno (Narcissus Brum), por ejemplo, fue el librero que se encargó de financiar una versión al portugués que se terminó de imprimir el 13  de febrero 1500 bajo el título de Horas de nossa Senhora. Lo más interesante es que esta versión lusa informa de quiénes fueron los responsables de verter el texto latino al portugués: «tresladado todo de latin em lingoajem purtugues: visto & enmendado per o reuerendo freu johan claro purtuges doctor en a sancta theologia & lujs fernandez outrosi purtugues studante en artes criado da rainha de purtugal dona luyanor» (Library of Congress, Rosenwald, 481; fol. p8r).

2 Son los marcados, en la tabla como «Latín, Castellano».

3 Según el USTC existe un ejemplar en la UC Berkeley con la signatura BANC FILM 2699, pero se trata del microfilm del ejemplar de la Hispanic Museum and Society of America.

4 Posiblemente esta segunda edición de Pedro Bernuz de 1569 sea la misma que la anterior dado que USTC 348683 indica que el único ejemplar se encuentra en la BNE, y no ofrece signatura alguna. La BNE conserva un ejemplar bajo la signatura R/4210 que corresponde a la edición de 1569, mientras que el otro Libro de Horas asociado con Bernuz, pero como librero que encarga el trabajo, es la edición de 1547 y que se conserva en la BNE bajo la signatura R/40718.

 

El libro que superó a la Biblia: el ascenso del Libro de Horas en la Europa medieval

Durante varios siglos de la Baja Edad Media y los inicios de la Edad Moderna, el libro más difundido en Europa no fue la Biblia. Ese lugar lo ocupó un volumen mucho más pequeño y aparentemente modesto: el Libro de Horas. Este devocionario portátil se convirtió en uno de los mayores fenómenos editoriales de la historia europea. Sin embargo, hoy permanece sorprendentemente ausente de la memoria cultural colectiva.

Libro de Horas, © BNE, Res/192. fols. 7v-8r

El contraste resulta llamativo. Durante generaciones, el Libro de Horas fue el objeto de lectura más común en numerosos hogares europeos. En cambio, en la actualidad, casi nadie reconoce su nombre ni su función. Esta desaparición de la memoria cultural es paradójica si se considera el profundo impacto social que tuvo este pequeño volumen puesto que transformó las prácticas religiosas, facilitó el acceso a la lectura y desempeñó un papel inesperado en la alfabetización femenina.

Del breviario monástico al devocionario doméstico

El origen del Libro de Horas se encuentra en el oficio divino, el complejo sistema de oración que estructuraba la vida espiritual de las comunidades monásticas. Este sistema distribuía la oración a lo largo del día mediante distintos oficios litúrgicos —maitines, laudes, tercia, sexta, nona, vísperas y completas— que los monjes debían recitar en latín siguiendo un calendario preciso.

Para los laicos, sin embargo, este ritmo era prácticamente imposible de mantener. Campesinos, comerciantes y artesanos debían dedicar la mayor parte del día a su trabajo y a la gestión del hogar. Además, la barrera lingüística del latín dificultaba aún más la participación activa en la liturgia. Por este motivo, el Libro de Horas surgió como una adaptación simplificada del sistema devocional monástico. En lugar del complejo breviario clerical, ofrecía una versión abreviada y portátil de las principales oraciones.

Su estructura habitual incluía un calendario litúrgico ilustrado con actividades agrícolas y signos del zodiaco, los salmos penitenciales, las letanías de los santos y, como núcleo central, el llamado Oficio Parvo de la Virgen, una versión resumida del oficio mariano.

Calendario de marzo. Horas Tilly. © BNE, RES/187, fols. 5v-6r

Esta reorganización permitía integrar la práctica devocional en la vida cotidiana. El resultado fue un instrumento espiritual flexible que podía utilizarse tanto en la iglesia como en el ámbito doméstico.

La interiorización de la experiencia religiosa

La difusión del Libro de Horas tuvo consecuencias profundas en la relación entre los fieles y la práctica religiosa. Durante gran parte de la Edad Media, la experiencia de la fe se desarrollaba fundamentalmente en el espacio público de la liturgia eclesiástica, mediada por el clero y expresada en latín.

El devocionario portátil introdujo una transformación significativa: la interiorización de la práctica espiritual. Los fieles podían llevar su libro a la iglesia y leerlo en silencio durante la misa, incluso cuando no comprendían el idioma del ritual. De este modo, la oración adquiría una dimensión personal que coexistía con la liturgia oficial.

Esta práctica fomentaba una relación más directa entre el individuo y lo divino, menos dependiente de la mediación clerical. Aunque no implicaba necesariamente una ruptura con la Iglesia, sí introducía una forma de religiosidad más individualizada.

Un objeto entre la devoción y el talismán

La enorme difusión del Libro de Horas también generó usos que iban más allá de su función estrictamente litúrgica. En algunos contextos populares, el libro comenzó a ser percibido como un objeto dotado de un poder protector.

El simple hecho de poseerlo o llevarlo consigo podía interpretarse como una forma de protección frente a enfermedades, tormentas o infortunios (La oración del papa León III es un caso claro y que llegó a circular como texto independiente). Este fenómeno refleja la sacralización del objeto material y la apropiación popular de un artefacto cultural que originalmente pertenecía a ámbitos más restringidos.

El papel inesperado en la alfabetización femenina

Uno de los efectos sociales más significativos de la difusión del Libro de Horas fue su papel en la alfabetización de las mujeres.

En la sociedad medieval, el acceso femenino a la educación formal estaba fuertemente limitado. Las universidades y las instituciones educativas permanecían prácticamente cerradas a las mujeres. Sin embargo, el carácter devocional del libro facilitó su presencia en el ámbito doméstico.

Numerosos ejemplares incluían incluso el abecedario en los márgenes, lo que permitía utilizar el libro como instrumento de aprendizaje básico de la lectura. En muchos casos, madres o mujeres adultas enseñaban a leer a niñas y jóvenes utilizando el devocionario familiar.

De este modo, el Libro de Horas funcionó como un vehículo informal de alfabetización, especialmente dentro de las redes femeninas de sociabilidad doméstica.

Un éxito que cambiaría con la llegada de la imprenta

Durante los siglos XIV y XV, el Libro de Horas se convirtió en uno de los objetos culturales más difundidos de Europa. Su éxito se basaba en una combinación singular de portabilidad, accesibilidad y capacidad de adaptación a distintos contextos sociales.

Sin embargo, el verdadero salto en su difusión llegaría con una innovación tecnológica que transformaría radicalmente la producción de libros: la imprenta.

La mecanización de la producción editorial permitió que este devocionario, originalmente reservado a las élites, comenzara a circular entre sectores cada vez más amplios de la población.

(Continuara en el siguiente artículo: “La revolución de la imprenta: los Libros de Horas en la España del siglo XV”.)

Los libros de horas de Cromberger prohibidos por la Inquisición: las ediciones de 1528 y 1538

La prohibición de los libros de horas en 1559

En 1559, el Inquisidor General Fernando de Valdés publicó, en Valladolid, el Cathalogus librorum qui prohibentur. En este se prohibieron muchas obras, y entre ellas treinta y cuatro ediciones de libros de Horas en romance (1559: 53-56) y otras veinte en latín (1559: 29-31), y mandaba retirarlas porque contenían muchas «cosas curiosas y supersticiosas» (1559: 53).

El catálogo incluía además una norma general por la que se prohibían todas las versiones de Horas en cualquier lengua que contuvieran errores o fueran «occasiones para errar y engañar a los simples y personas que no entienden las tales supersticiones» (1559: 55). Como consecuencia de esta prohibición, la mayoría de estas ediciones han desaparecido y en muchos casos solo conocemos su existencia por la propia lista inquisitorial.

Mención de las ediciones de Cromberger

Las ediciones sevillanas de Juan Cromberger

Según el Cathalogus, el taller sevillano de Juan de Cromberger publicó, en 1528 y 1538 sendas ediciones de un Libro de Horas. De estas dos ediciones, según la crítica, tan solo se conserva un puñado de hojas.

Las de 1528 se encuentran en manos privadas (Colomer Amat 1998-99), mientras que las atribuidas a la edición de 1538 se conservan en la Biblioteca Nacional de España (R/41536). Sobre estas últimas, la web de la BNE señala que «se trata, probablemente, de las pruebas de tiraje de una edición sevillana del año 1537 [sic]». Así lo acepta también Martínez Alcorlo (2024) en su relación de ediciones de Las horas de Nuestra Señora.

Según Colomer Amat hubo dos ediciones consecutivas en 1537 y 1538 (1998-99: 128, 130 y 135). Sin embargo, el Cathalogus librorum qui prohibentur menciona únicamente la de 1538, por lo que aquí se mantiene esta fecha, basada en la información disponible en el momento de la prohibición.

La comparación tipográfica

Sin embargo, la comparación de la única hoja con contenido textual completo que coincide entre las reproducidas por Colomer Amat (fig. 3, p. 133) y las conservadas en la BNE (R/41536/3, pliego 2,2) sugiere que se trata en realidad de una misma edición, ya sea la de 1528 —como propone Colomer Amat— o la de 1538 —como indica el catálogo de la BNE—, tal como puede apreciarse en la ilustración. La identidad de composición puede percibirse fácilmente si se comparan la distribución de líneas y la posición de las palabras al final de cada una.

Hoja reproducida por Colomer Amat (izquierda) y hoja conservada en la BNE (derecha). La coincidencia en la disposición tipográfica y en la composición línea por línea indica que ambas pertenecen a una misma edición

La razón es sencilla: las dos hojas presentan identidad de composición tipográfica línea por línea. Recomponer de forma idéntica una misma forma con nueve años de diferencia resulta prácticamente imposible. Siempre surgen pequeñas variaciones al recomponer un texto, incluso cuando se trata de composiciones a plana y línea. En este caso, además, los tipos utilizados para la edición de 1528 debieron de emplearse repetidamente a lo largo de esos años y, como es habitual en los talleres tipográficos del periodo, sufrir un notable desgaste. Lo mismo cabe decir de las cintas que enmarcan la caja tipográfica.

Un único resto de la edición de 1528

Todo esto sugiere que las hojas estudiadas por Colomer Amat y las conservadas en la BNE deben de pertenecer a una misma edición y que constituyen, muy probablemente, los únicos restos conocidos de la impresión de 1528.

Esto no impide, sin embargo, que en 1538 Juan de Cromberger volviera a imprimir un éxito editorial como lo eran las Horas de Nuestra Señora, publicadas por primera vez en París en 1495 en el taller de Phillippe Pigouchet para el librero Simón Vostre. De hecho, la propia Martínez Alcorlo menciona la existencia de otro ejemplar de la edición de 1538 conservado en la Hispanic Society of America, aunque señala que no ha podido examinarlo ni dispone de información detallada sobre él.

El posible ejemplar de 1538

Edición de 1528 (BNE) y edición de 1537? (HSA)

Todo parece indicar, por tanto, que el volumen conservado en Nueva York podría ser el único resto conocido de esa edición de 1538. Desde el punto de vista textual, parece prácticamente idéntico e incluso intenta reproducir la disposición a plana y línea de su probable modelo. Aparte de pequeños cambios en la rúbrica inicial, solo se aprecia la actualización de fasta por hasta y la omisión del adjetivo grand que precede a misericordia, aunque bien podría tratarse del producto de otro taller, algo que habrán de dilucidar los especialistas en tipobibliografía.

Bibliografía

Colomer Amat, Emilia (1998-1999), «Libros de horas impresos en España en el primer tercio del siglo XVI. Reseña de una edición perdida», LOCVS AMŒNVS 4, pp. 127-135. Accesible: https://ddd.uab.cat/pub/locus/11359722n4/11359722n4p127.pdf [Consulta: 07-03-2026].

Martínez Alcorlo, Ruth (2024), «Anónimo, Horas de Nuestra Señora», en Comedic: Catálogo de obras medievales impresas en castellano hasta 1600, Zaragoza (España), ISSN 2530-1985 [en línea]. Publicación: 03-12-2024. DOI: https://comedic.unizar.es/index/read/id/15, [Consulta: 07-03-2026].