Las Horas de Nuestra Señora (c. 1510): donde dije tres ediciones, digo cuatro

En una entrada anterior (Fradejas 2026), logré desentrañar un pequeño enredo bibliográfico que presentaba el Universal Short Title Catalogue (USTC 343133) sobre las Horas de Nuestra Señora que Nicolas Higman imprimió en París a costa de Simon Vostre. En aquel momento demostré que lo que el catálogo reunía bajo un mismo registro no era una única edición, sino tres ediciones completamente distintas, que empecé a designar Higman-A, Higman-B y Higman-C, puesto que no era posible establecer su sucesión cronológica.

Portadas de las ediciones de Las Horas de Nuestra Señora conservadas en la Library of Congress (izquierda) en la Universidad de Gante (centro) y John Rylands Library (derecha)

Texto tras el calendario en las ediciones de Las Horas de Nuestra Señora conservadas en la Library of Congress (izquierda), en la Universidad de Gante (centro) y John Rylands Library (derecha)

En una nota al pie también señalé que de la edición conservada en la Universidad de Gante existía otro ejemplar en la Bibliothèque nationale de France (BnF, B-21304). O al menos, eso creía.

El desencadenante de la revisión no fue el análisis bibliográfico de ambos ejemplares, sino el proceso de corrección de la transcripción automática (HTR) y etiquetado del ejemplar parisino (llamémoslo desde ahora Higman-P). Al revisar el texto digitalizado me percaté de una anomalía en la secuencia del cuaderno d. En un principio creí que estaba provocada por la pérdida de alguna hoja (como sucede en los ejemplares del incunable de 1499). Al tratar de comprobar qué material era el que se había perdido en el ejemplar parisino comparándolo con el de Gante (Higman-G), me di cuenta de que no había pérdida alguna y que el problema real se debía a un mal doblado del pliego durante la encuadernación, por lo que la secuencia en Higman-P era d3-d4-d1-d2-d7-d8-d5-d6[1]. Al cotejar minuciosamente esas hojas me topé con un problema diferente: se trataba de dos ediciones y no de dos estados ni de dos emisiones de una misma edición.

Cuando en un impreso antiguo encontramos variantes tipográficas, estas pueden responder a tres realidades distintas:

  • Estado: Correcciones de erratas o retoques realizados a mitad de tirada sobre las mismas formas (por ejemplo, reemplazar ciuda por ciudad (fol. 40r, sig. e8r) o corregir un tipo colocado al revés, por ejemplo, una ã impresa cabeza abajo por un descuido del cajista al coger el tipo de la caja (fol. 68v, sig. i4v)).
  • Emisión: Modificaciones intencionadas en la comercialización o distribución del producto, como el cambio de una portada o la alteración de un pliego preliminar para un nuevo librero, compartiendo el resto de las formas tipográficas de la tirada principal.
  • Edición: Recomposición tipográfica completa del texto.

Lo que muestran Higman-G y Higman-P no encaja en las correcciones al vuelo de un estado ni en la alteración comercial de una emisión, sino en una nueva edición a plana y renglón (o a plana y línea) ejecutada desde cero.

Fol. 70r (sig. i6r). Parte superior Higman-P, inferior Higman-G

Las pruebas de que se trata de dos impresiones distintas no son anecdóticas ni se concentran en un único cuaderno que pudiera haberse reimpreso por cualquier motivo, sino que se distribuyen de manera sistemática a lo largo de todo el volumen. Basten unos pocos ejemplos:

  • Espaciado y justificación: El uso de los cuadratines para unir o separar palabras y letras varía constantemente entre ambos testimonios. Así, por ejemplo, en Higman-P se lee vosotrosleuantarvos (fol. 37v, sig. e5v) mientras que en Higman-G cada una de las tres palabras está separada por un espacio en blanco: vosotros leuantar vos; o en el folio 70r (sig. i6r) las palabras saluo y arrebate no cupieron completas en la línea y se tuvieron que dividir al llegar al margen; en el caso de saluo, ambas impresiones marcan el corte con un guion, pero en el de arrebate Higman-P no lo marca mientras Higman-G sí lo hace. En Higman-P el texto en latín no llega hasta el final de la línea y se marca con un punto. Sin embargo, en Higman-G se ha rellenado toda la línea (véase más abajo) y se ha trocado el punto por dos puntos (véase la imagen anterior). Puesto que el espacio entre palabras y dentro de las mismas es un rasgo dinámico del cajista al componer cada línea, estas diferencias demuestran que las formas tipográficas se levantaron de nuevo desde cero.
  • Uso del color en la impresión: Todos los ejemplares conocidos (salvo los de la edición de 1499) hacen uso de la impresión a dos tintas: negra y roja. A lo largo de todo el volumen se han localizado cambios de color. A veces, lo que en Higman-P se imprimió en tinta roja —como la abreviatura &c (fol. 34r, sig. e1r)—, en Higman-G aparece impreso en tinta negra, o al revés: en Higman-P aparece en negro —v̇. = ‘verso’ (fol. 66r, sig. i2r)— mientras que en Higman-G está en rojo. Dado que la impresión a dos tintas requería pasadas de prensa independientes con sus respectivas formas compuestas para la tinta roja, esta alteración implica un cambio estructural en el proceso de composición.
  • Diferencias en abreviaturas y secuencias tipográficas:
    • En la palabra amercendea (fol. 36r, sig. e4r), Higman-P opta por abreviar la nasal previa a la d rotunda abreviativa medieval (amercēða), mientras que Higman-G imprime la e tras la d uncial (amercēdea); o en israel (fol. 40r, sig. e8r), Higman-P lo imprime abreviadamente (isral’) mientras que Higman-G no lo hace.
    • En palabras como salutem (fol. 70r, sig. i6r), Higman-P opta por la forma con -m, mientras que Higman-G utiliza la ezh/visigótica saluteʒ (frecuente en latín para representar -m).
    • Frente a la forma latina abreviada Doñe (fol. 70r, sig. i6r) que presenta Higman-P, Higman-G la imprime con todas las letras: Domine.
  • Diferencias en las miniaturas:
    • El programa ilustrativo de esta edición es el más pobre de toda la serie: se limita a las xilografías a toda plana al comienzo de cada una de las grandes divisiones textuales y a unas escenas al comienzo de algunas oraciones. La que ilustra el comienzo de la oración «Muy deuota a nuestra señora & a sant Joan apostol & euangelista» (fol. 81r; sig. l1r) en Higman-P representa el Descendimiento, mientras que en Higman-G es la representación de la Dolorosa. Además, hay diferencia en cómo está escrito pecador (última línea): en Higman-P es con una sola c, mientras que en Higman-G es con dos (peccador).

Comienzo del fol. 81r (sig. l1r). En la parte superior Higman-P, en la parte inferior Higman-G

No estamos, por tanto, ante la corrección de unas pocas erratas durante la tirada de una edición, ni ante una emisión con retoques comerciales, sino ante una auténtica recomposición a plana y renglón, fruto de un taller, el de Higman, que vuelve a tirar la obra manteniendo la disposición tipográfica del modelo.

Miniatura al inicio de la carta del papa León a Carlomagno, sig. m1r (Higman-P izquierda; Higman-G derecha)

Así pues, el mapa de las Horas de Nuestra Señora que se fechaban hacia 1510 debe volver a trazarse. Puesto que es imposible dar fechas precisas y en la práctica solo es accesible un ejemplar de cada una de ellas, las identifico desde este momento como W, M, P y G, por la inicial de la ciudad en cuya biblioteca se conservan:

Si ya resultaba difícil justificar que Nicolas Higman produjera tres ediciones en un mismo año para Simon Vostre, la aparición de esta cuarta edición refuerza la hipótesis de que estas tiradas debieron espaciarse en una horquilla temporal más amplia (posiblemente entre 1515 y finales de 1527). Respondían así al éxito comercial de las versiones de Thielman Kerver o, incluso, a una estrategia de Vostre para defender su cuota de mercado ante la intromisión de Kerver en el negocio de los libros de horas en castellano, impresos en París entre 1495 y 1527.

Una intromisión comercial en toda regla, pues se da el hecho curioso de que en ninguna de las ediciones de Kerver —incluidas las de 1515 y 1527— se menciona a Simon Vostre, mientras que en todas las de Higman sí figura su nombre y en estas últimas jamás aparece la fecha de impresión.

Pero las tensiones entre impresores y libreros parisinos por controlar el mercado hispano son ya otra historia. Una que bien merece su propia entrega.

bibliografía

Fradejas Rueda, José Manuel (2026). «¿Una o tres ediciones? Las Horas de Nuestra Señora atribuidas a 1510». Crítica textual para Dummies. Recuperado 26 de agosto de 2026 de https://doi.org/10.58079/15txi

notas

1 En cualquier caso, a Higman-P le falta un folio, el k7.

    La revolución de la imprenta: los Libros de Horas en la España de los siglos XV y XVI

    Cuando la imprenta comenzó a difundirse por Europa a finales del siglo XV, uno de los primeros grandes éxitos editoriales fue el Libro de Horas. La nueva tecnología permitió transformar lo que había sido un objeto artesanal y costoso en un producto reproducible a gran escala.

    En el caso de la Península Ibérica, este proceso tuvo una evolución particular: durante un primer momento España fue sobre todo un mercado receptor de Libros de Horas producidos en el norte de Europa , antes de convertirse también en un centro de producción propio.

    Importaciones desde Flandes y Francia

    Durante gran parte del siglo XV, los Libros de Horas que circulaban en la Península procedían principalmente de talleres flamencos y franceses. Ciudades como París, Brujas o Gante eran centros de producción de manuscritos iluminados de gran calidad artística.

    Calendario de marzo. Horas Tilly. © BNE, RES/187, fols. 5v-6r

    Estos ejemplares, ricamente decorados con miniaturas y pan de oro, circulaban sobre todo entre las élites aristocráticas y la alta jerarquía eclesiástica.

    Al mismo tiempo, las redes comerciales europeas comenzaron a distribuir versiones más accesibles en los mercados urbanos de la Península. Las ferias castellanas y los circuitos mercantiles del Mediterráneo desempeñaron un papel relevante en esta circulación.

    La llegada de la imprenta

    La introducción de la imprenta en la Península Ibérica en 1472 transformó profundamente el panorama editorial. La nueva tecnología permitió reducir costes de producción y aumentar el número de ejemplares disponibles, lo que facilitó la difusión de libros entre sectores sociales cada vez más amplios.

    En el caso del Libro de Horas, la imprenta permitió consolidar un formato particularmente adecuado para su uso cotidiano: el formato en octavo, un tamaño reducido que permitía transportar el libro fácilmente. Este formato contribuyó a reforzar el carácter portátil del devocionario y facilitó su presencia en la vida cotidiana.

    Los libros de horas del librero Simon Vostre

    Simón Vostre (activo entre 1486 y 1521) fue uno de los libreros-editores más influyentes de París durante la transición del siglo XV al XVI, es decir, durante el periodo de los incunables y postincunables. Aunque no era impresor de oficio, coordinó la producción masiva de libros de lujo, convirtiéndose en el principal referente de los Libros de Horas impresos en Europa.

    Horas de Estelle Doheny and Arcana impresas para Simon Vostre 1498 y pintadas a mano

    Dentro de su amplia producción, fue el responsable de varias ediciones de las llamadas Horas de Nuestra Señora en romance, es decir, traducidas al castellano que se publicaron entre 1495 y c. 1520 y en la que los impresores fueron, sucesivamente, Philippe Pigouchet (1488-1515), Thielman Kerver (1497-1522) y Nicolás Higman (1495-1520).

    El tránsito del latín al vulgar, que no fue exclusivo de las ediciones de Vostre[1], acercó el contenido devocional a los lectores que no dominaban el latín. Por otra parte, algunas de estas ediciones comenzaron a incorporar elementos culturales locales, como escudos, motivos iconográficos propios o textos adicionales.

    Este  proceso  de  adaptación  contribuyó  a  reforzar  el  carácter  popular  del  Libro  de  Horas,  pero también  lo  transformó  en  un  texto  cada  vez  más  flexible  y  susceptible  de  modificaciones.

    Los talleres impresores en la Península

    Debido al éxito comercial que obtuvieron las ediciones financiadas por Simón Vostre, la producción se trasladó a algunas de las imprentas más importantes de la Península Ibérica, como las de Sevilla, Toledo, Zaragoza, Valladolid, Logroño, Valencia, Medina del Campo, Salamanca… y tanto en latín como en romance, ya fuera castellano, catalán o portugués. Aunque, como se verá, Vostre siguió imprimiéndolos y comercializándolos.

    No existe plena seguridad, en lo que respecta al color lingüístico de las ediciones peninsulares, de que la información proporcionada por los catálogos sea exacta. Así, por ejemplo, el USTC señala que las ediciones zaragozanas de Jorge Coci de 1521 y 1531 corresponden a textos castellanos; sin embargo, el análisis de los ejemplares accesibles demuestra que se trata, en realidad, de textos latinos con rúbricas en castellano[2].

    Horas impresas por Cocci en 1521 (izda.) y 1531 (dcha). © BNP

    Estos talleres comenzaron a producir ediciones propias de Libros de Horas, según se cree, adaptadas al mercado local y a las demandas del público, pero muy poco se sabe de sus productos, pues apenas quedan de muchas tan solo quedan noticias (30 de ellos) o unos pocos pliegos.

     año ciudad imprenta USTC ejemplar lengua
    1486 Valencia s. i. 765686 Varios Latín
    1505 Toledo Pedro de Hagenbach 347542 Perdido  Latín
    1506 Valladolid Diego de Gumiel 347545 Perdido  Castellano
    1512 Logroño Arnao Guillén de Brocar 344310 Vaticano  Castellano
    1512 Toledo Juan Varela de Salamanca 347546 Perdido  Castellano
    1516 Zaragoza Jorge Coci 338499 Madrid  Latín
    1517 Zaragoza Jorge Coci 347543 Palermo  Latín
    1518-21 Montserrat Juan Rosembach 347544 Perdido  Latín
    1519 Burgos Alonso de Melgar 347547 Perdido  Castellano
    1519 Barcelona desconocido 347548 Perdido  Catalán
    1521 Zaragoza Jorge Coci 344484 Lisboa  Latín Castellano
    1522 Sevilla Jacobo Cromberger 343134 Londres  Portugués
    1528 Sevilla Juan Cromberger 349878 Frag. Madrid. Véase…  Castellano
    1530 Burgos Juan de Junta 351050 Perdido  Latín
    1531 Sevilla Juan Varela de Salamanca 349894 Perdido Castellano
    1531 Zaragoza Jorge Coci 344595 Lisboa  Latín Castellano
    1534 Burgos Juan de Junta 351069 Perdido  Latín
    1533 Valencia Francisco Díaz Romano 337988 Valencia  Latín
    1534 Zaragoza Jorge Coci 344638 Florencia  Castellano
    1537 Zaragoza Jorge Coci 348491 Perdido  Latín
    ca. 1537 Sevilla Juan Cromberger 5045264 Frag. Madrid. Véase…  Castellano
    ca. 1538 Sevilla Juan Cromberger 347212 New York[3]  Castellano
    1538 Sevilla Juan Cromberger 350718 Perdido  Castellano
    1539 Zaragoza Jorge Coci 348493 Privada  Castellano
    1539 Zaragoza Jorge Coci 348494 Perdido  Catalán
    1539 Sevilla Juan Varela de Salamanca 350724 Perdido  Castellano
    1540 Sevilla J. Cromberger 351996 Perdido  Latín
    1541 Sevilla Domenico de Robertis 350728 Perdido  Castellano
    1542 Sevilla Herederos de J. Cromberger 352003 Perdido  Castellano
    1542 Zaragoza Jorge Coci 348501 Perdido  Castellano
    1542 Zaragoza para  Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 344793 Perugia y Roma  Castellano
    1544 Alcalá de Henares Juan de Brocar 347089 Perdido  Latín
    ca. 1544 s.l. s.i 337984 Valencia  Latín
    1547 Burgos Juan de Junta 351107 Madrid  Castellano
    1547 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 348538 Perdido  Castellano
    1547 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 5045344 Madrid  Castellano
    1548 Medina del Campo Pedro de Castro 349569 Perdido  Castellano
    1550 Sevilla Domenico de Robertis y Jácome Cronberger 350790 Perdido  Castellano
    1552 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 348569 Perdido  Castellano
    1553 Medina del Campo Francisco del Canto 349580 Perdido  Castellano
    1554 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 348590 Perdido  Castellano
    1556 Medina del Campo s. i. 349586 Perdido  Castellano
    1556 Zaragoza para Pedro Bernuz y Bartolomé de Nájera 348599 Perdido  Castellano
    1557 Medina del Campo Jacobo de Millis 349587 Perdido  Castellano
    1560 Salamanca Juan María de Terranova 346263 Cambridge  Castellano
    1563 Burgos Felipe de Junta 351165 Perdido  Latín
    1564 Salamanca Matías Gast 349027 Privada  Latín
    1565 Salamanca Juan de Cánova 5045517 Madrid  Latín, Castellano
    1565 Toledo Juan de Ayala para Diego López 337986 Madrid  Castellano
    1567 Burgos Felipe de Junta 349468 Burgos  Castellano
    1567 Burgos Felipe de Junta 349469 Burgos  Latín
    1567 Salamanca Matías Gast 5045523 Madrid  Castellano
    1568 Barcelona para Pablo Cortey y Pedro Malo 337987 Privada  Latín
    1568 Burgos Felipe de Junta 349475 Perdido  Castellano
    1568 Burgos Felipe de Junta 349476 Perdido  Castellano
    1569 Zaragoza Pedro Bernuz 337985 Madrid, Zaragoza  Latín,  Castellano
    1569[4] Zaragoza Pedro Bernuz 348683 Madrid  Castellano
    1571 Barcelona Claudio Bornat 5045571 Madrid, Barcelona  Latín,  Castellano

    Tabla 1. Ediciones impresas en Castilla y Aragón a lo largo de los siglos XV y XVI. Basada en el USTC

    Un éxito difícil de controlar

    La combinación de imprenta, traducciones y difusión doméstica convirtió al Libro de Horas en un objeto cultural extraordinariamente popular. Sin embargo, esta misma popularidad provocó el celo de las autoridades religiosas.

    En un contexto marcado por las tensiones doctrinales de la Europa del siglo XVI, un libro que circulaba libremente en lengua vernácula y que se leía en el ámbito privado del hogar comenzaba a percibirse como un fenómeno difícil de supervisar.

    Estas preocupaciones terminarían desembocando en un proceso de control y censura que transformaría radicalmente el destino del Libro de Horas.

    notas

    1 Narciso Bruno (Narcissus Brum), por ejemplo, fue el librero que se encargó de financiar una versión al portugués que se terminó de imprimir el 13  de febrero 1500 bajo el título de Horas de nossa Senhora. Lo más interesante es que esta versión lusa informa de quiénes fueron los responsables de verter el texto latino al portugués: «tresladado todo de latin em lingoajem purtugues: visto & enmendado per o reuerendo freu johan claro purtuges doctor en a sancta theologia & lujs fernandez outrosi purtugues studante en artes criado da rainha de purtugal dona luyanor» (Library of Congress, Rosenwald, 481; fol. p8r).

    2 Son los marcados, en la tabla como «Latín, Castellano».

    3 Según el USTC existe un ejemplar en la UC Berkeley con la signatura BANC FILM 2699, pero se trata del microfilm del ejemplar de la Hispanic Museum and Society of America.

    4 Posiblemente esta segunda edición de Pedro Bernuz de 1569 sea la misma que la anterior dado que USTC 348683 indica que el único ejemplar se encuentra en la BNE, y no ofrece signatura alguna. La BNE conserva un ejemplar bajo la signatura R/4210 que corresponde a la edición de 1569, mientras que el otro Libro de Horas asociado con Bernuz, pero como librero que encarga el trabajo, es la edición de 1547 y que se conserva en la BNE bajo la signatura R/40718.

     

    El libro que superó a la Biblia: el ascenso del Libro de Horas en la Europa medieval

    Durante varios siglos de la Baja Edad Media y los inicios de la Edad Moderna, el libro más difundido en Europa no fue la Biblia. Ese lugar lo ocupó un volumen mucho más pequeño y aparentemente modesto: el Libro de Horas. Este devocionario portátil se convirtió en uno de los mayores fenómenos editoriales de la historia europea. Sin embargo, hoy permanece sorprendentemente ausente de la memoria cultural colectiva.

    Libro de Horas, © BNE, Res/192. fols. 7v-8r

    El contraste resulta llamativo. Durante generaciones, el Libro de Horas fue el objeto de lectura más común en numerosos hogares europeos. En cambio, en la actualidad, casi nadie reconoce su nombre ni su función. Esta desaparición de la memoria cultural es paradójica si se considera el profundo impacto social que tuvo este pequeño volumen puesto que transformó las prácticas religiosas, facilitó el acceso a la lectura y desempeñó un papel inesperado en la alfabetización femenina.

    Del breviario monástico al devocionario doméstico

    El origen del Libro de Horas se encuentra en el oficio divino, el complejo sistema de oración que estructuraba la vida espiritual de las comunidades monásticas. Este sistema distribuía la oración a lo largo del día mediante distintos oficios litúrgicos —maitines, laudes, tercia, sexta, nona, vísperas y completas— que los monjes debían recitar en latín siguiendo un calendario preciso.

    Para los laicos, sin embargo, este ritmo era prácticamente imposible de mantener. Campesinos, comerciantes y artesanos debían dedicar la mayor parte del día a su trabajo y a la gestión del hogar. Además, la barrera lingüística del latín dificultaba aún más la participación activa en la liturgia. Por este motivo, el Libro de Horas surgió como una adaptación simplificada del sistema devocional monástico. En lugar del complejo breviario clerical, ofrecía una versión abreviada y portátil de las principales oraciones.

    Su estructura habitual incluía un calendario litúrgico ilustrado con actividades agrícolas y signos del zodiaco, los salmos penitenciales, las letanías de los santos y, como núcleo central, el llamado Oficio Parvo de la Virgen, una versión resumida del oficio mariano.

    Calendario de marzo. Horas Tilly. © BNE, RES/187, fols. 5v-6r

    Esta reorganización permitía integrar la práctica devocional en la vida cotidiana. El resultado fue un instrumento espiritual flexible que podía utilizarse tanto en la iglesia como en el ámbito doméstico.

    La interiorización de la experiencia religiosa

    La difusión del Libro de Horas tuvo consecuencias profundas en la relación entre los fieles y la práctica religiosa. Durante gran parte de la Edad Media, la experiencia de la fe se desarrollaba fundamentalmente en el espacio público de la liturgia eclesiástica, mediada por el clero y expresada en latín.

    El devocionario portátil introdujo una transformación significativa: la interiorización de la práctica espiritual. Los fieles podían llevar su libro a la iglesia y leerlo en silencio durante la misa, incluso cuando no comprendían el idioma del ritual. De este modo, la oración adquiría una dimensión personal que coexistía con la liturgia oficial.

    Esta práctica fomentaba una relación más directa entre el individuo y lo divino, menos dependiente de la mediación clerical. Aunque no implicaba necesariamente una ruptura con la Iglesia, sí introducía una forma de religiosidad más individualizada.

    Un objeto entre la devoción y el talismán

    La enorme difusión del Libro de Horas también generó usos que iban más allá de su función estrictamente litúrgica. En algunos contextos populares, el libro comenzó a ser percibido como un objeto dotado de un poder protector.

    El simple hecho de poseerlo o llevarlo consigo podía interpretarse como una forma de protección frente a enfermedades, tormentas o infortunios (La oración del papa León III es un caso claro y que llegó a circular como texto independiente). Este fenómeno refleja la sacralización del objeto material y la apropiación popular de un artefacto cultural que originalmente pertenecía a ámbitos más restringidos.

    El papel inesperado en la alfabetización femenina

    Uno de los efectos sociales más significativos de la difusión del Libro de Horas fue su papel en la alfabetización de las mujeres.

    En la sociedad medieval, el acceso femenino a la educación formal estaba fuertemente limitado. Las universidades y las instituciones educativas permanecían prácticamente cerradas a las mujeres. Sin embargo, el carácter devocional del libro facilitó su presencia en el ámbito doméstico.

    Numerosos ejemplares incluían incluso el abecedario en los márgenes, lo que permitía utilizar el libro como instrumento de aprendizaje básico de la lectura. En muchos casos, madres o mujeres adultas enseñaban a leer a niñas y jóvenes utilizando el devocionario familiar.

    De este modo, el Libro de Horas funcionó como un vehículo informal de alfabetización, especialmente dentro de las redes femeninas de sociabilidad doméstica.

    Un éxito que cambiaría con la llegada de la imprenta

    Durante los siglos XIV y XV, el Libro de Horas se convirtió en uno de los objetos culturales más difundidos de Europa. Su éxito se basaba en una combinación singular de portabilidad, accesibilidad y capacidad de adaptación a distintos contextos sociales.

    Sin embargo, el verdadero salto en su difusión llegaría con una innovación tecnológica que transformaría radicalmente la producción de libros: la imprenta.

    La mecanización de la producción editorial permitió que este devocionario, originalmente reservado a las élites, comenzara a circular entre sectores cada vez más amplios de la población.

    (Continuara en el siguiente artículo: “La revolución de la imprenta: los Libros de Horas en la España del siglo XV”.)

    Los libros de horas de Cromberger prohibidos por la Inquisición: las ediciones de 1528 y 1538

    La prohibición de los libros de horas en 1559

    En 1559, el Inquisidor General Fernando de Valdés publicó, en Valladolid, el Cathalogus librorum qui prohibentur. En este se prohibieron muchas obras, y entre ellas treinta y cuatro ediciones de libros de Horas en romance (1559: 53-56) y otras veinte en latín (1559: 29-31), y mandaba retirarlas porque contenían muchas «cosas curiosas y supersticiosas» (1559: 53).

    El catálogo incluía además una norma general por la que se prohibían todas las versiones de Horas en cualquier lengua que contuvieran errores o fueran «occasiones para errar y engañar a los simples y personas que no entienden las tales supersticiones» (1559: 55). Como consecuencia de esta prohibición, la mayoría de estas ediciones han desaparecido y en muchos casos solo conocemos su existencia por la propia lista inquisitorial.

    Mención de las ediciones de Cromberger

    Las ediciones sevillanas de Juan Cromberger

    Según el Cathalogus, el taller sevillano de Juan de Cromberger publicó, en 1528 y 1538 sendas ediciones de un Libro de Horas. De estas dos ediciones, según la crítica, tan solo se conserva un puñado de hojas.

    Las de 1528 se encuentran en manos privadas (Colomer Amat 1998-99), mientras que las atribuidas a la edición de 1538 se conservan en la Biblioteca Nacional de España (R/41536). Sobre estas últimas, la web de la BNE señala que «se trata, probablemente, de las pruebas de tiraje de una edición sevillana del año 1537 [sic]». Así lo acepta también Martínez Alcorlo (2024) en su relación de ediciones de Las horas de Nuestra Señora.

    Según Colomer Amat hubo dos ediciones consecutivas en 1537 y 1538 (1998-99: 128, 130 y 135). Sin embargo, el Cathalogus librorum qui prohibentur menciona únicamente la de 1538, por lo que aquí se mantiene esta fecha, basada en la información disponible en el momento de la prohibición.

    La comparación tipográfica

    Sin embargo, la comparación de la única hoja con contenido textual completo que coincide entre las reproducidas por Colomer Amat (fig. 3, p. 133) y las conservadas en la BNE (R/41536/3, pliego 2,2) sugiere que se trata en realidad de una misma edición, ya sea la de 1528 —como propone Colomer Amat— o la de 1538 —como indica el catálogo de la BNE—, tal como puede apreciarse en la ilustración. La identidad de composición puede percibirse fácilmente si se comparan la distribución de líneas y la posición de las palabras al final de cada una.

    Hoja reproducida por Colomer Amat (izquierda) y hoja conservada en la BNE (derecha). La coincidencia en la disposición tipográfica y en la composición línea por línea indica que ambas pertenecen a una misma edición

    La razón es sencilla: las dos hojas presentan identidad de composición tipográfica línea por línea. Recomponer de forma idéntica una misma forma con nueve años de diferencia resulta prácticamente imposible. Siempre surgen pequeñas variaciones al recomponer un texto, incluso cuando se trata de composiciones a plana y línea. En este caso, además, los tipos utilizados para la edición de 1528 debieron de emplearse repetidamente a lo largo de esos años y, como es habitual en los talleres tipográficos del periodo, sufrir un notable desgaste. Lo mismo cabe decir de las cintas que enmarcan la caja tipográfica.

    Un único resto de la edición de 1528

    Todo esto sugiere que las hojas estudiadas por Colomer Amat y las conservadas en la BNE deben de pertenecer a una misma edición y que constituyen, muy probablemente, los únicos restos conocidos de la impresión de 1528.

    Esto no impide, sin embargo, que en 1538 Juan de Cromberger volviera a imprimir un éxito editorial como lo eran las Horas de Nuestra Señora, publicadas por primera vez en París en 1495 en el taller de Phillippe Pigouchet para el librero Simón Vostre. De hecho, la propia Martínez Alcorlo menciona la existencia de otro ejemplar de la edición de 1538 conservado en la Hispanic Society of America, aunque señala que no ha podido examinarlo ni dispone de información detallada sobre él.

    El posible ejemplar de 1538

    Edición de 1528 (BNE) y edición de 1537? (HSA)

    Todo parece indicar, por tanto, que el volumen conservado en Nueva York podría ser el único resto conocido de esa edición de 1538. Desde el punto de vista textual, parece prácticamente idéntico e incluso intenta reproducir la disposición a plana y línea de su probable modelo. Aparte de pequeños cambios en la rúbrica inicial, solo se aprecia la actualización de fasta por hasta y la omisión del adjetivo grand que precede a misericordia, aunque bien podría tratarse del producto de otro taller, algo que habrán de dilucidar los especialistas en tipobibliografía.

    Bibliografía

    Colomer Amat, Emilia (1998-1999), «Libros de horas impresos en España en el primer tercio del siglo XVI. Reseña de una edición perdida», LOCVS AMŒNVS 4, pp. 127-135. Accesible: https://ddd.uab.cat/pub/locus/11359722n4/11359722n4p127.pdf [Consulta: 07-03-2026].

    Martínez Alcorlo, Ruth (2024), «Anónimo, Horas de Nuestra Señora», en Comedic: Catálogo de obras medievales impresas en castellano hasta 1600, Zaragoza (España), ISSN 2530-1985 [en línea]. Publicación: 03-12-2024. DOI: https://comedic.unizar.es/index/read/id/15, [Consulta: 07-03-2026].

    ¿Una o tres ediciones? Las Horas de Nuestra Señora atribuidas a 1510

    Un problema en el USTC

    El Universal Short Title Catalogue (USTC 343133) recoge los ejemplares conocidos de una edición de Las horas de Nuestra Señora impresa en el taller de Nicolas Higman a costa del librero Simon Vostre hacia 1510 y registra los siguientes ejemplares:

    • Londres, British Library (C.30.c.10)
    • Manchester, John Rylands University Library (sin signatura) y
    • Washington, Library of Congress (OCLC: 7977113)

    Informa asimismo de la existencia en Google Books de una copia digital cuyo original se conserva en la biblioteca de la Universidad de Gante. Ninguno de estos ejemplares los recoge Martínez Alcorlo (2024).

    Tres ejemplares, tres ediciones

    En cualquier caso, los ejemplares de la John Rylands Library, de la Library of Congress y de la Universidad de Gante[1] son tres ediciones absolutamente diferentes, aunque todas fueron impresas en París por Nicolas Higman a costa del librero Simon Vostre. Las portadas —que comparten el escudo de los Reyes Católicos— muestran ya que se trata de ediciones diferentes, aunque este tipo de elementos podía modificarse con relativa facilidad por motivos comerciales.

    Portadas de las ediciones de Las Horas de Nuestra Señora conservadas en la Library of Congress (izquierda) en la Universidad de Gante (centro) y John Rylands Library (derecha)

    La mera disposición del inicio textual tras el calendario ya revela que se trata de tres ediciones distintas. En los ejemplares de la Library of Congress y de la Universidad de Gante el texto comienza en el recto, mientras que en el de la John Rylands Library lo hace en el vuelto, pues el recto está ocupado por una ilustración a toda plana.

    Texto tras el calendario en las ediciones de Las Horas de Nuestra Señora conservadas en la Library of Congress (izquierda), en la Universidad de Gante (centro) y John Rylands Library (derecha)

    Como puede observarse, los tres ejemplares son totalmente diferentes, por lo que deberían tener entradas distintas.

    Un problema de datación

    En definitiva, son tres ediciones distintas que los catálogos datan en el mismo año 1510, pero no parece verosímil que un mismo impresor compusiera en un mismo año tres ediciones tan diferentes desde el punto de vista visual, aunque no textual. No obstante, el ejemplar de la Library of Congress lleva en el lomo una indicación que lo fecha hacia 1507 y se insiste en ello en una de las hojas de respeto en las que hay una serie de anotaciones a lapicero. Pero no debe tenerse en cuenta, pues la edición de 1507 se finalizó de imprimir el 9 de agosto (Martínez Alcorlo 2024) en el taller de Thielman Kerver, y parece ser el ejemplar que bajo la signatura C.52.b.18 se conserva en la British Library y que se recoge en el USTC (343132).

    ¿Una edición perdida de 1509?

    Por otra parte, según el Cathalogus librorum qui prohibentur de 1559 se condenó a la destrucción una edición impresa en 1509 de Simon Vostre, de lo que se hace eco Colomer Amat (1998-99: 130), pero no Martínez Alcorlo (2024).

    ¿Podría uno de estos ejemplares ser el único superviviente de la edición de 1509? ¿Pero, entonces a qué año adscribiríamos los otros dos? A la luz de cómo se suceden unos impresores a otros, cabe pensar que esta perdida edición de 1509 la imprimiera también Thielman Kerver.

    Por desgracia, no podemos pronunciarnos sobre el ejemplar conservado en la British Library (C.30.c.10), pues no disponemos de reproducciones que permitan determinar con cuál de los tres ejemplares aquí analizados se correspondería. Además, el catálogo añade otra incertidumbre, pues propone que pudiera ser de 1515.

    Por otra parte, el ejemplar conservado en la British Library (C.30.c.10) es idéntico al conservado en la John Rylands Library, mientras que el conservado bajo la signatura  C.132.h.18, en la misma biblioteca londinenses, es idéntico al conservado en la Library of Congress, luego se conservan dos ejemplares de cada una de estas ediciones debidas al arte de Nicolás Higman.

    Un caso curioso en la censura inquisitorial

    Resulta curioso que el Cathalogus prohibiera la edición de 1509 financiada por Simon Vostre, pero no mencionara ninguna de las anteriores ni de las posteriores sufragadas por este librero parisino. Y son, al menos, cinco las ediciones documentadas:

    1495, impresa por Philippe Pigouchet
    1499, impresa por Philippe Pigouchet
    1502, impresa por Thielman Kerver
    1507, impresa por Thielman Kerver
    1513, impresa por Thielman Kerver
    1520, impresa por Nicolas Higman

    Además de las tres ediciones que han motivado estas líneas, cuya cronología exacta resulta difícil de establecer. A la luz de cómo se suceden unos impresores a otros, cabe pensar que la edición perdida de 1509 fuera impresa por Thielman Kerver.

    Por otra parte, la datación propuesta por el catálogo de la British Library para uno de estos ejemplares (C.30.c.10) —hacia 1515— permite formular una hipótesis cronológica más precisa. Dado que tanto este ejemplar como los otros tres reseñados fueron impresos por Nicolás Higman, parece plausible que estas tres ediciones se publicaran después de 1513 y antes de 1520, que es la última que se conoce.

    Por ahora, estos tres ejemplares siguen planteando más preguntas que respuestas, y recuerdan hasta qué punto la historia editorial de las Horas de Nuestra Señora impresas para Simon Vostre está aún lejos de poder reconstruirse con certeza.

    bibliografía

    Colomer Amat, Emilia (1998-1999), «Libros de horas impresos en España en el primer tercio del siglo XVI. Reseña de una edición perdida», LOCVS AMŒNVS 4, pp. 127-135. Accesible: https://ddd.uab.cat/pub/locus/11359722n4/11359722n4p127.pdf [Consulta: 07-03-2026].

    Martínez Alcorlo, Ruth (2024), «Anónimo, Horas de Nuestra Señora», en Comedic: Catálogo de obras medievales impresas en castellano hasta 1600, Zaragoza (España), ISSN 2530-1985 [en línea]. Publicación: 03-12-2024. DOI: https://comedic.unizar.es/index/read/id/15, [Consulta: 07-03-2026].

    notas

    1 Hay que añadir, al conservado en la Universidad de Gante, otro de idénticas características, en la BnF (Réserve des Livres Rares, B-21304;  (consultado 11.12.2025)) del que el USTC no tiene noticia.