About José Manuel Fradejas Rueda

Es catedrático de Filología Románica en la Universidad de Valladolid. Sus líneas de investigación comprenden la crítica textual, la lingüística histórica, la bibliografía y la filología (o humanidades) digital. Ha editado textos castellanos, catalanes y portugueses de la Edad Media.

Las Horas de Nuestra Señora (c. 1510): donde dije tres ediciones, digo cuatro

En una entrada anterior (Fradejas 2026), logré desentrañar un pequeño enredo bibliográfico que presentaba el Universal Short Title Catalogue (USTC 343133) sobre las Horas de Nuestra Señora que Nicolas Higman imprimió en París a costa de Simon Vostre. En aquel momento demostré que lo que el catálogo reunía bajo un mismo registro no era una única edición, sino tres ediciones completamente distintas, que empecé a designar Higman-A, Higman-B y Higman-C, puesto que no era posible establecer su sucesión cronológica.

Portadas de las ediciones de Las Horas de Nuestra Señora conservadas en la Library of Congress (izquierda) en la Universidad de Gante (centro) y John Rylands Library (derecha)

Texto tras el calendario en las ediciones de Las Horas de Nuestra Señora conservadas en la Library of Congress (izquierda), en la Universidad de Gante (centro) y John Rylands Library (derecha)

En una nota al pie también señalé que de la edición conservada en la Universidad de Gante existía otro ejemplar en la Bibliothèque nationale de France (BnF, B-21304). O al menos, eso creía.

El desencadenante de la revisión no fue el análisis bibliográfico de ambos ejemplares, sino el proceso de corrección de la transcripción automática (HTR) y etiquetado del ejemplar parisino (llamémoslo desde ahora Higman-P). Al revisar el texto digitalizado me percaté de una anomalía en la secuencia del cuaderno d. En un principio creí que estaba provocada por la pérdida de alguna hoja (como sucede en los ejemplares del incunable de 1499). Al tratar de comprobar qué material era el que se había perdido en el ejemplar parisino comparándolo con el de Gante (Higman-G), me di cuenta de que no había pérdida alguna y que el problema real se debía a un mal doblado del pliego durante la encuadernación, por lo que la secuencia en Higman-P era d3-d4-d1-d2-d7-d8-d5-d6[1]. Al cotejar minuciosamente esas hojas me topé con un problema diferente: se trataba de dos ediciones y no de dos estados ni de dos emisiones de una misma edición.

Cuando en un impreso antiguo encontramos variantes tipográficas, estas pueden responder a tres realidades distintas:

  • Estado: Correcciones de erratas o retoques realizados a mitad de tirada sobre las mismas formas (por ejemplo, reemplazar ciuda por ciudad (fol. 40r, sig. e8r) o corregir un tipo colocado al revés, por ejemplo, una ã impresa cabeza abajo por un descuido del cajista al coger el tipo de la caja (fol. 68v, sig. i4v)).
  • Emisión: Modificaciones intencionadas en la comercialización o distribución del producto, como el cambio de una portada o la alteración de un pliego preliminar para un nuevo librero, compartiendo el resto de las formas tipográficas de la tirada principal.
  • Edición: Recomposición tipográfica completa del texto.

Lo que muestran Higman-G y Higman-P no encaja en las correcciones al vuelo de un estado ni en la alteración comercial de una emisión, sino en una nueva edición a plana y renglón (o a plana y línea) ejecutada desde cero.

Fol. 70r (sig. i6r). Parte superior Higman-P, inferior Higman-G

Las pruebas de que se trata de dos impresiones distintas no son anecdóticas ni se concentran en un único cuaderno que pudiera haberse reimpreso por cualquier motivo, sino que se distribuyen de manera sistemática a lo largo de todo el volumen. Basten unos pocos ejemplos:

  • Espaciado y justificación: El uso de los cuadratines para unir o separar palabras y letras varía constantemente entre ambos testimonios. Así, por ejemplo, en Higman-P se lee vosotrosleuantarvos (fol. 37v, sig. e5v) mientras que en Higman-G cada una de las tres palabras está separada por un espacio en blanco: vosotros leuantar vos; o en el folio 70r (sig. i6r) las palabras saluo y arrebate no cupieron completas en la línea y se tuvieron que dividir al llegar al margen; en el caso de saluo, ambas impresiones marcan el corte con un guion, pero en el de arrebate Higman-P no lo marca mientras Higman-G sí lo hace. En Higman-P el texto en latín no llega hasta el final de la línea y se marca con un punto. Sin embargo, en Higman-G se ha rellenado toda la línea (véase más abajo) y se ha trocado el punto por dos puntos (véase la imagen anterior). Puesto que el espacio entre palabras y dentro de las mismas es un rasgo dinámico del cajista al componer cada línea, estas diferencias demuestran que las formas tipográficas se levantaron de nuevo desde cero.
  • Uso del color en la impresión: Todos los ejemplares conocidos (salvo los de la edición de 1499) hacen uso de la impresión a dos tintas: negra y roja. A lo largo de todo el volumen se han localizado cambios de color. A veces, lo que en Higman-P se imprimió en tinta roja —como la abreviatura &c (fol. 34r, sig. e1r)—, en Higman-G aparece impreso en tinta negra, o al revés: en Higman-P aparece en negro —v̇. = ‘verso’ (fol. 66r, sig. i2r)— mientras que en Higman-G está en rojo. Dado que la impresión a dos tintas requería pasadas de prensa independientes con sus respectivas formas compuestas para la tinta roja, esta alteración implica un cambio estructural en el proceso de composición.
  • Diferencias en abreviaturas y secuencias tipográficas:
    • En la palabra amercendea (fol. 36r, sig. e4r), Higman-P opta por abreviar la nasal previa a la d rotunda abreviativa medieval (amercēða), mientras que Higman-G imprime la e tras la d uncial (amercēdea); o en israel (fol. 40r, sig. e8r), Higman-P lo imprime abreviadamente (isral’) mientras que Higman-G no lo hace.
    • En palabras como salutem (fol. 70r, sig. i6r), Higman-P opta por la forma con -m, mientras que Higman-G utiliza la ezh/visigótica saluteʒ (frecuente en latín para representar -m).
    • Frente a la forma latina abreviada Doñe (fol. 70r, sig. i6r) que presenta Higman-P, Higman-G la imprime con todas las letras: Domine.
  • Diferencias en las miniaturas:
    • El programa ilustrativo de esta edición es el más pobre de toda la serie: se limita a las xilografías a toda plana al comienzo de cada una de las grandes divisiones textuales y a unas escenas al comienzo de algunas oraciones. La que ilustra el comienzo de la oración «Muy deuota a nuestra señora & a sant Joan apostol & euangelista» (fol. 81r; sig. l1r) en Higman-P representa el Descendimiento, mientras que en Higman-G es la representación de la Dolorosa. Además, hay diferencia en cómo está escrito pecador (última línea): en Higman-P es con una sola c, mientras que en Higman-G es con dos (peccador).

Comienzo del fol. 81r (sig. l1r). En la parte superior Higman-P, en la parte inferior Higman-G

No estamos, por tanto, ante la corrección de unas pocas erratas durante la tirada de una edición, ni ante una emisión con retoques comerciales, sino ante una auténtica recomposición a plana y renglón, fruto de un taller, el de Higman, que vuelve a tirar la obra manteniendo la disposición tipográfica del modelo.

Miniatura al inicio de la carta del papa León a Carlomagno, sig. m1r (Higman-P izquierda; Higman-G derecha)

Así pues, el mapa de las Horas de Nuestra Señora que se fechaban hacia 1510 debe volver a trazarse. Puesto que es imposible dar fechas precisas y en la práctica solo es accesible un ejemplar de cada una de ellas, las identifico desde este momento como W, M, P y G, por la inicial de la ciudad en cuya biblioteca se conservan:

Si ya resultaba difícil justificar que Nicolas Higman produjera tres ediciones en un mismo año para Simon Vostre, la aparición de esta cuarta edición refuerza la hipótesis de que estas tiradas debieron espaciarse en una horquilla temporal más amplia (posiblemente entre 1515 y finales de 1527). Respondían así al éxito comercial de las versiones de Thielman Kerver o, incluso, a una estrategia de Vostre para defender su cuota de mercado ante la intromisión de Kerver en el negocio de los libros de horas en castellano, impresos en París entre 1495 y 1527.

Una intromisión comercial en toda regla, pues se da el hecho curioso de que en ninguna de las ediciones de Kerver —incluidas las de 1515 y 1527— se menciona a Simon Vostre, mientras que en todas las de Higman sí figura su nombre y en estas últimas jamás aparece la fecha de impresión.

Pero las tensiones entre impresores y libreros parisinos por controlar el mercado hispano son ya otra historia. Una que bien merece su propia entrega.

bibliografía

Fradejas Rueda, José Manuel (2026). «¿Una o tres ediciones? Las Horas de Nuestra Señora atribuidas a 1510». Crítica textual para Dummies. Recuperado 26 de agosto de 2026 de https://doi.org/10.58079/15txi

notas

1 En cualquier caso, a Higman-P le falta un folio, el k7.

    Adverbios en -mente

    La formación de los adverbios en –mente constituye el único procedimiento derivativo sistemático que el castellano posee para crear piezas de esta categoría sobre bases adjetivas. Su origen reside en la gramaticalización del ablativo del sustantivo femenino latino MENS, MENTIS, con el sentido original de ‘mente’ o ‘ánimo’.

    Etapa latina: del sintagma al sufijo

    En el latín clásico, la combinación de un adjetivo y el término mente funcionaba como una estructura sintáctica independiente (por ejemplo, bona mente, con el valor de «con buen propósito»). El proceso de gramaticalización se inició cuando el sustantivo perdió su carga léxica y se unió a adjetivos que no podían referirse a estados anímicos, como en el caso de lenta mente. Esta construcción analítica sustituyó a los antiguos sufijos adverbiales latinos en –E y –ITER, de los cuales el español solo conserva restos fosilizados como bien o mal.

    Periodo medieval: polimorfismo y -mientre (siglos XI‑XIII)

    Los textos medievales más antiguos muestran una gran variedad de formas para este elemento:

    • Variantes predominantes: Hasta finales del siglo XIII, las formas diptongadas de carácter patrimonial resultaron mayoritarias. La terminación más frecuente fue -mientre (con una -r- epentética por analogía con otros adverbios como alquantre o mientre), seguida de -miente.
    • Primeros testimonios: El Cantar de mio Cid registra el uso de fuertemientre. Por su parte, las Glosas emilianenses presenta un buena mientre (fol. 69v) mientras que en las Silenses se documenta un studiosa mientre (fol. 324r).
    • Independencia gráfica: Durante esta época, fue habitual encontrar los dos elementos separados en la escritura, lo que revela que la percepción de unidad total era aún débil.

    Transición y triunfo de la forma culta (siglos XIV‑XV)

    • Cambio de norma: En el siglo XIV se inició el retroceso de las variantes diptongadas ante el avance de la forma -mente. Esta variante, identificada a menudo como un cultismo o un préstamo de origen oriental, ganó prestigio en la prosa literaria.
    • Consolidación: Para el siglo XV, la forma -mente se impuso sobre -miente y -mientre en todos los géneros discursivos. El sustantivo independiente miente también cedió su lugar a la forma moderna mente, aunque el plural mientes persistió en frases fijas como parar mientes.

    Durante la Edad Media no son extraños, aunque minoritarios, los casos en los que el sustantivo mente está inmediatamente después del primer adjetivo: estranna mente & marauillosa (Juan Manuel).

    Estabilización en la lengua clásica (siglos XVI‑XVII)

    • Fijación gráfica: La escritura de los dos componentes en un solo trazo se generalizó, aunque en algunos textos del siglo XVI todavía apareció la separación ocasional de la base y el sufijo, como en dura mente.
    • Rasgos de origen sintáctico: En el siglo XVII quedó normalizada la pauta que hoy rige estos adverbios. Debido a su origen como sintagma de dos palabras, estas voces conservan hasta la actualidad dos rasgos excepcionales:
      • Acentuación: Son las únicas palabras con dos acentos de intensidad (uno en el adjetivo y otro en el sufijo).
      • Coordinación: Cuando se suceden varios adverbios, el sufijo solo figura en el último elemento (por ejemplo, suave y lentamente).

    Productividad moderna

    A partir del siglo XVIII, el uso de estos adverbios se estabilizó de forma definitiva. En épocas recientes, el sistema ha integrado neologismos con este sufijo a partir de bases cultas o participios, como ocurre con extraordinariamente o increíblemente, voces que funcionan a menudo como cuantificadores o modificadores de la oración completa.

     

    maguer: historia y cronología

    La voz maguer es una de las conjunciones concesivas más emblemáticas del castellano medieval. Su trayectoria abarca desde los orígenes de la lengua hasta su práctica desaparición en la época clásica, donde quedó relegada al habla rústica o al arcaísmo literario.

    Origen y etimología

    La palabra procede del término griego μακάριε, vocativo de makários, que significa ‘feliz’ o ‘bienaventurado’. En el latín tardío y en el romance primitivo, este helenismo se empleó inicialmente como un adverbio desiderativo con el sentido de ‘ojalá’.

    El paso semántico hacia el valor concesivo de ‘aunque’ se produjo a través de una «especie de cortesía» en la que el hablante afecta desear que suceda aquello que el interlocutor objeta. Este proceso es similar al que ocurrió en italiano con magari o en portugués con embora (de em boa hora).

    Auge en el periodo medieval (siglos X‑XIII)

    • Primeros testimonios: Se documenta ya en las Glosas silenses bajo la forma macare (macare ke siegat = ‘maguer que sea’, fol.321r).
    • Máximo esplendor: Durante los siglos XII y XIII, maguer (y su variante maguera) fue la conjunción concesiva predominante en la lengua literaria. En el siglo XII, este nexo se utilizaba en más del 50 % de las oraciones concesivas.
    • Uso en textos señeros: Es frecuente en obras como el Cantar de mio Cid, los poemas de Gonzalo de Berceo (como el Duelo de la Virgen o los Milagros de Nuestra Señora) y el Libro de Alexandre. En la General Estoria de Alfonso X, todavía aparece como un nexo habitual en las locuciones conjuntivas.

    Decadencia y sustitución (siglos XIV‑XV)

    A partir del siglo XIV, la vigencia de maguer comenzó a retroceder frente a nuevas fórmulas:

    • Crisis del nexo: En esta centuria, su uso cayó hasta el 20 %. Empezó a adquirir una connotación «vulgar» o «rústica» que determinó su paulatina desaparición de la prosa culta.
    • Competencia con aunque: El nexo aunque (formado por el adverbio aún y la conjunción que) se documenta desde el siglo XIII, pero su triunfo definitivo sobre maguer se consolidó a lo largo del siglo XV.
    • Reductos finales: Autores del inicio del siglo XV, como el Canciller López de Ayala o Enrique de Villena, todavía lo emplearon con cierta frecuencia, pero tras ellos su declive fue irreversible.

    Del Siglo de Oro a la actualidad

    En los siglos XVI y XVII, maguer ya no formaba parte de la lengua común:

    • Testimonios de gramáticos: Juan de Valdés, en su Diálogo de la lengua (1535), afirmó que la voz «agora ya no se usa». Del mismo modo, Sebastián de Covarrubias la calificó como «palabra antigua» en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611).
    • Supervivencias dialectales: Persistió durante más tiempo en hablas rústicas (como las representadas en el sayagués) y en el dialecto asturiano, donde se registra hasta el siglo XVIII en autores como Antonio Balvidares.
    • Resurrección literaria: En el siglo XIX, algunos escritores de tendencia casticista y ciertos poetas intentaron rescatar la palabra por su «pátina de antiguedad», aunque a menudo incurrieron en el error de escribirla o pronunciarla con diéresis (magüer).

    En resumen, la historia de maguer refleja el paso de un préstamo griego de valor emocional a una pieza clave de la sintaxis medieval, para terminar como un fósil lingüístico tras el éxito de aunque. Hay que recordar, finalmente, que aunque puede aparecer en numerosas ocasiones escrito es dos trazos: aun que y que la forma aunque dominará desde finales del siglo XV o principios del XVI.

    La apócope extrema

    La apócope extrema fue una alteración fonética del castellano medieval que consistió en la pérdida de la vocal átona final tras diversas consonantes y grupos consonánticos.

    Origen y esplendor (siglos XI‑XIII)

    • Cronología inicial: Esta tendencia se intensificó a finales del siglo XI. El periodo de máximo apogeo literario se sitúa a lo largo del siglo XII y la primera mitad del XIII.
    • Influencias principales: La presencia de colonos y clérigos francos (provenzales y franceses) a lo largo del Camino de Santiago resultó fundamental para la difusión de esta moda lingüística. También contribuyeron factores internos, como la síncopa de vocales internas durante los siglos X y XI, y el influjo de los finales consonánticos de las hablas mozárabes.
    • Ejemplos habituales: Son comunes en esta época voces como mont, noch, fuent, part, nief, dix o fizist.

    La reforma alfonsí (siglo XIII)

    Bajo el reinado de Alfonso X el Sabio (1252‑1284), se produjo un conflicto entre el «castellano koiné» (favorable a la apócope) y el «castellano drecho».

    • El castellano «drecho»: El monarca impulsó esta norma para restaurar las vocales finales y rechazó la apócope extrema por su carácter extranjero o franco.
    • Hito cronológico: En el año 1276, según Lapesa, el prólogo del Libro de la ochava espera marcó el fin formal de esta práctica en la prosa regia. Pese a ello, el rasgo persistió en muchos códices de la época debido a las tradiciones lingüísticas de los colaboradores del rey.

    Decadencia y restauración (siglo XIV)

    • Declive definitivo: La decadencia de la apócope extrema se precipitó tras el reinado de Alfonso X.
    • Reductos finales: Su empleo quedó relegado al habla rústica (como las serranas del Libro de buen amor), a textos de la comunidad judía (como los de Sem Tob) o a zonas geográficas periféricas.
    • Restablecimiento: Para los años 1390 o 1400, el restablecimiento de la vocal -/e/ final fue casi absoluto en la lengua general.

    Formas residuales y supervivencia (siglo XV)

    Al inicio del siglo XV solo persistieron algunas formas fosilizadas:

    • Pronombres y verbos: Sobrevivieron pronombres enclíticos como nol o sil y restos verbales en tercera persona como vien, tien, diz, faz o val.
    • Legado moderno: De forma definitiva, la lengua solo conservó la apócope tras consonantes dentales o alveolares simples (-d, -l, -n, -r, -s, -z) en palabras como pan, mar o verdad, lo cual definió el sistema fonológico moderno.

    Vocalización de -b- en los grupos romances -bd-

    La vocalización de la consonante labial implosiva en el grupo ‑bd‑ es un fenómeno que transformó la fisonomía de numerosas palabras entre los siglos XIII y XVI.

    Origen de los grupos implosivos

    La caída de las vocales intertónicas en latín vulgar y en el romance primitivo dio lugar a la formación de grupos consonánticos secundarios en los que una labial quedó en posición implosiva o postnuclear. Así, voces latinas como CAPITALE, CIUITATE, CUBITU o DEBITA evolucionaron en el castellano medieval hacia las formas cabdal, cibdad, cobdo y debda. Aunque estos grupos con –b- implosiva tuvieron mucho vigor hasta la época de los Reyes Católicos, el sistema fonológico del castellano mostró una resistencia natural a mantener oclusivas en esa posición.

    Cronología del proceso de vocalización

    • Siglo XIII: Se registran los primeros testimonios gráficos del cambio de la consonante labial por la semivocal u. Un ejemplo temprano se halla en el manuscrito de Fuero de Zamora (c. 1281) donde aparece ya la grafía ciudad frente a la general cibdad.
    • Siglo XIV: La vocalización se intensifica en el habla, lo que permite el paso de cabdal a caudal y de debda a deuda. Durante esta centuria, la labial comenzó a debilitarse sistemáticamente en el sonido [u̯].
    • Siglos XV‑XVI: El proceso alcanza su madurez. Aunque autores como Antonio de Nebrija en sus Reglas de orthographía (1517) señalan que todavía se escribe b pero se pronuncia u en voces como cibdad o debdo, la generalización de las nuevas formas en la escritura se consolida en la segunda mitad del siglo XVI.

    Evoluciones particulares y asimilación

    El resultado de la vocalización dependió en gran medida del entorno fónico:

    • Conservación del diptongo: Tras vocal dental o alveolar, el grupo resultante se mantuvo como diptongo, como en CAPITALE > cabdal > caudal o CIUITATE > cibdad > ciudad.
    • Asimilación por vocales velares: Si a la b le precedía una vocal velar como la o o la u, el sonido vocalizado fue absorbido por ella. Esto explica que CUBITU evolucionara a cobdo y finalmente a codo, o que CUPIDITIA pasara de cobdicia a codicia.
    • El caso de beodo: La voz BIBITU presenta una evolución excepcional; tras pasar por bebdo y beudo, la labial se modificó en una o que posteriormente recibió el acento tónico: beodo.

    Reacción de los gramáticos y cultismos

    A pesar del avance del cambio fonético, hubo una notable resistencia culta. Juan de Valdés, en su Diálogo de la lengua (1535), manifestó su preferencia por el mantenimiento de la b en cibdad o debdo bajo el argumento de que los vocablos estaban «más llenos y mejores con la b que sin ella». Con la introducción masiva de latinismos desde el siglo XV, surgieron dobletes y se restituyeron grupos consonánticos en palabras de carácter literario o técnico como objeto, abdicar o abtoridad, aunque en estas últimas acabó por imponerse la forma etimológica autoridad.